"EL ARTE DE PINTAR Y EL PRIVILEGIO DEL DON"
Son
muchos los que pintan, los que tienen mano, los que son capaces de copiar friamente, con exactitud y cálculo, lo que ven o de
seguir la moda de lo que hay. Embellecen, asustan o crean un alboroto sensacional,
deslumbrante y otros, nos hacen sonreir, pensar y soñar.
Hay
miles de fórmulas para componer imágenes y más hoy en día, con la tecnología a nuestro alcance. Se logran maravillas estéticamente correctas pero en muchos casos, perfectamente frias y totalmente carentes
de espíritu o de alma.
Lo
único que no se puede comprar ni aprender es el propio don de la creatividad. Este,
“nace, no se hace” y tan complejo es, que hemos logrado llegar a la luna y nadie ha logrado descifrarlo ni entenderlo
y mucho menos, envasarlo. Para transmitirlo
hay que ser un verdadero mago.
El
proceso creativo varía de persona a persona. Se le llama musa, manía, don,
ángel, inspiración, Dios, diosa, el diablo, genio y cualquier otro tipo de definición, que igual queda siempre indefinido.
En
fin, nos deja, entre las preguntas, "¿quiénes somos?” "¿de dónde venimos?” y "¿hacia dónde vamos?” y
el arte, “¿de dónde viene el arte?”
La
obra de José Ramón Morales, "A Cuban Painter", además de complacernos visualmente, nos deja preguntándonos muchas cosas más.
Sus
edificaciones fálicas construidas sobre paisajes áridos y desolados, nos podría dar la sensación de que está sólo y triste. Sin embargo, sus ventanas de vitrales coloridos y sus paredes frescas, dejan indicar
todo lo contrario, aunque jamás nos deja ver ni traspasar. ¡Su espacio es sagrado!
Mas
bien, el paisaje que rodea sus templos son los que están fuera de lugar. Los
rodea la tierra que se abre amenazando tragárselos, se ondulan y tambalean los templos pero no se caen ni se rompen. Están siempre encima de la
montaña y alcanzables sólo por su alma desnuda y limpia que siempre llega, arrastrando
su “manto del pudor” como
velo nupcial, el cual no se enfanga a pesar de atravesar tan difíciles caminos.
"Abajo
como es arriba", sus arquitecturas en el medio balanceando,
o casi previniendo, que la tierra alcance tocar el cielo.
Sólo
su alma y su eterno compañero, "el manto del
pudor", logran subir dichas montañas y al llegar son recibidas por los templos que se arquean en las más nobles reverencias,
en agradecimiento a la manifestación humana que les ofreció nacer.
A
sus templos, sólo son invitados la luz del cielo, que pasa únicamente después de ser filtrada
a través de sus vitrales coloridos y su alma, que cuando entra, deja trancado afuera
su "manto del pudor" como huella y señal de
que es partícipe y testigo de las riquezas del templo.
En
otras ocasiones, el manto también parece ser invitado, pues desaparecen los dos, dejándonos sólos con las notas musicales
del silencio en el espacio más privado de su universo visual.
Unicamente éstos son
capaces de comulgar con el sacerdote invisible que aguarda detrás de la puerta cerrada, ellos y la luz.
La
curiosidad es infecciosa, pues nos deja imaginando y preguntándonos “¿que hay detrás de la puerta, y porqué tan
difícil de llegar al templo?”
Sólo
él y su alma tienen la llave para entrar a su fuerte. Nosotros podemos soñar con sus contenidos misteriosos y los espacios inalcanzables
de su ser.
Tal
vez mantiene la puerta cerrada a la tristeza de este paisaje infértil y amenazante que lo rodea, como terremoto, para no contaminarse y practicar sus dones en paz y sin cuidados, evitando
las hipocrecías de la vida mundana e inhumana en que vivimos.
No
palpo impotencia ni tristeza en sus templos sagrados, mas bien me transmiten la languidez feliz y la satisfacción que
se siente después de un orgasmo, compartido en unisión con el amor, y la paz
que transmite su alma, su genio y su don.
Me
parece que José Ramón Morales ya ha sido más que generoso, pues no sólo ha compartido las riquezas de su arte con nosotros,
sino que además nos invita y nos abre la puerta de nuestra propia creatividad e imaginación, regresándonos
al mundo mágico de poder soñar despiertos y nos regala nuevas preguntas para ponderar callados bajo el reino del
sol.
Ana
María Sarlat
another
cuban painter, and his friend…
copyright
2007